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Cuando hablamos de comercio electrónico, muchos piensan que la clave está en el diseño de la web, en la experiencia de usuario o incluso en la velocidad de envío. Y sí, todos esos factores son importantes, pero los estudios lo confirman: el precio sigue siendo el factor nº1 que motiva a un cliente a comprar online.

Según datos de Statista y eMarketer, más del 60% de los consumidores eligen un producto en internet principalmente por el precio. La lógica es clara: el comprador online tiene acceso inmediato a comparadores, marketplaces y múltiples tiendas con un clic. Esto significa que la competencia ya no se libra en la estantería física, sino en quién puede ofrecer el precio más atractivo en el momento justo.

Ahora bien, precio atractivo no significa necesariamente “el más bajo”. El consumidor digital es más sofisticado de lo que parece: busca equilibrio entre precio, valor y confianza. Si dos tiendas venden el mismo producto, ganará la que combine:

  • Precio competitivo (no el más barato, pero sí justo).
  • Stock actualizado (evitando la frustración de comprar algo que no está disponible).
  • Claridad en la información (fichas de producto completas y transparentes).

En este escenario, herramientas como el repricing dinámico se vuelven indispensables. Permiten ajustar precios en tiempo real según la competencia y los márgenes, asegurando que tu tienda no quede fuera de juego. Igualmente, integrar tu catálogo y proveedores en un mismo sistema evita errores que, a la larga, terminan costando dinero.

La conclusión es clara: si tu e-commerce no controla el precio, pierde ventas. Y no se trata de entrar en guerras de descuentos sin sentido, sino de usar tecnología que te ayude a ser competitivo de forma rentable. Porque al final, el consumidor online seguirá comparando… y decidirá en función de lo que más pesa: el precio.